La tarde se desliza tersa, absorta en sí misma, secreta…
Nada busca, sabe que llega, y en su partir comienza su encuentro: se tiñe de tintos, revela el camino de una hoja que se desprende de un árbol, y en el silencio, deja SER lo que ES, lo que siempre HA SIDO.

Me levanto hacia la terraza…, surge el horizonte, el paso de transitar las calles, el aire que sin cesar me place este vivir…, lo puentes allí uniendo vacíos, las gentes, los rostros, el valle…

Todo se detiene, es una quietud inquietante, una inquietud quietante…, el llamado de lo que quiere nacer, el instinto de lo transcendido, la certeza de lo que no es, sabido.

En el taller un arrullo que mima las sombras, una luz que pone claridad al sentido: me conmuevo, me alegro, me equivoco, escucho, percibo, observo, ordeno, desordeno, y en mi interior algo ya es, no puedo pararlo, no quiero vestirlo.

Bailan entre sí un “quiero hacer”, un “nada tengo yo que hacer”…, y es sólo un dejarme llevar, un dejarme mecer…

Un boceto, fuerza, vaivén de sentidos, sentimientos, el aliento se acelera, aquí el latido potente, allí el remanso y la calma, un fuego enaltecido, estridente, un caos lleno de orden, un orden lleno de caos… y en el centro, allá en ascenso, un silencio y un grito.

El material se enciende de vida, me habla, me llama, me muestra lo que necesita…

Todo se mueve por una fuerza más allá de mí. La armonía comienza a derramar su música, las piezas se encadenan, se enlazan, es liviano el sentido, caricia el movimiento, serena la ola que viene y va, templanza este destino.

Las piedras tendidas en la mesa viven: unas enmudecen, se apagan otras, unas se encienden, otras arden en llama viva e intensa.

Una amatista ciega en su luz, la plata quiere fundir su deseo, el ébano busca cincel, el ámbar su engarce en acero…

Y…, no sé nada…, nada sé. Danza lo incierto en lo cierto, decide la materia o algo más allá de ella…, rechaza, elige y deshecha, se une, se ensarta, se separa, se encuentra.

Días, semanas…, lo acabado no deja de volver a emerger, y todo es un “suceder”, un florecer borbotones de alma, un saberme VIVA a través de la obra, un sentir que VIVIR es ser vehículo de una luz…., muy, muy alta.