Te has acercado a mí a través de mi obra. Te has acercado a mi obra que en definitiva soy yo, es mi esencia. Tú  y yo  estamos siendo al unísono en este momento,” algo”  nos ha acercado mutuamente, mi obra, aunque no te lo parezca, es tu obra.

Como en todo encuentro algo que estaba cerrado se abre, comienza…, ¿quieres pasar?, entra…, eres bienvenido-a.  Permíteme que me presente:

Me llamo Patrizia Mazzarino, soy diseñadora de joyas.

Es Amor…, sólo puede ser Amor la llamada que desde temprana edad resonó en mi interior en forma de inclinación por diferentes disciplinas artísticas.

Sí…, ahora más que nunca sé que lo es. Sólo puede se Amor lo que te mueve a emprender un camino, con el corazón empapado de sed, sediento en diluvios que inundaban mis adentros.

Cuando  todo está lleno, y todo lo sientes vacío, cuando todo está hecho y todo lo percibes por comenzar,  cuando todo había llegado y aún no había partido, cuando ocurre éso…, sólo sabes que hay que caminar, y así fue que emprendí mi camino.

En un principio me incliné por el diseño gráfico. Ingresé con diecinueve años en la escuela de Formación de segundo Grado, rama de Artes Gráficas de Hamburgo, Alemania, mi país natal.

Los caminos son como ramas enardecidas hacia el cielo…, se prolongan, se entrecruzan, se bifurcan, se vuelven a unir, ascienden desde un descenso  que es  su principio, se alzan hacia una meta que es su final y en la cumbre vuelves a alcanzar el descenso, el final siempre es el principio, la raíz en que se asientan se alimenta del subsuelo, y la tierra de la que se amamantan torna piedra, bronce, aire, agua, oro y de nuevo cielo.

Es así como mis pasos arribaron a Madrid, ciudad donde tengo familia. Fue allí donde el latir intenso de mis inquietudes concretó más las formas: empecé a estudiar joyería.

Mi caminar llevó consigo (como todos los caminos) encuentros, esos regalos para mí tan preciados del trayecto. Conocí a Bernardo, hijo de joyeros de Barcelona,  persona con una experiencia ancestral, cuidada, sólida, certera. Había bebido la maestría desde el origen, había sido mecido entre los brazos del arte desde pequeño, había jugado entre troqueles, grabados, sopletes, estaños. Había madurado entre fundidos y cincelado en bronce, plata, oro, paladio su destino…

Su encuentro me hizo entender lo que en verdad es la experiencia. Fue entonces cuando comencé en verdad a integrar en mí la joyería.

Las escuelas te enseñan la teoría del oficio, el verdadero oficio se desarrolla a partir de una semilla interior que brota al “entrar en contacto”, al “hacer”, al experimentar, al errar, al probar, al crecer. El artista foja el arte en la fragua de gerundios: viviendo, haciendo, manifestando, aprendiendo, evolucionando.

Y es un “conocer” que nunca acaba, un desafío iniciado que nunca en verdad termina. Una pieza comienza, una figura termina, una nueva aventura, un nuevo proyecto, una nueva forma que en realidad es la misma sólo que más cercana, más conseguida, fruto de piezas anteriores, hija de padres en continuo movimiento, ella misma antepasado de lo futuro, y todas ellas en sí UNIDAD, LO ÚNICO.

No puedo sino sentirme afortunada: amo mi oficio. No puedo entender ser otra cosa que el “continuum” de la creación. ¿Somos algo que no sea éso?.

Vivir es engendrar, dar luz a la vida desde cada faceta de uno mismo.

Vivir es aceptar el reto, ACEPTAR el continuo movimiento de la creación misma, transitar, recorrer, fluir lo eterno…, hacer forma lo que es ALIENTO.

Nunca he dicho: “esto no se puede hacer”. Si lo has aspirado, si  te has abierto y lo has recibido, si tu alma quiere plasmarlo…, ya está hecho, solo tienes que PERMITIRLO.

Me he acercado a ti a través de mi obra, a través de la obra. Estoy agradecida de habernos conocido, de habernos “re-conocido”. Tú eres tan CREADOR como yo, inspiración y joya, hermano y espejo, creación divina, cuerpo, vehículo y talento.